CICLO


                                    Vuelven a ser las 2:34 pero no soy la misma


Verte rasgar mi alma con las mismas manos con las que me arañabas la espalda fue hasta poético porque sabía que todavía estaba en contacto con tu piel. Entre los jirones que dejaste se iba escapando mi esencia mientras que yo intentaba parar mi ser hecho fluido con las manos, solo consiguiendo que se me escapara entre los dedos.
Así pasaron días hasta que me quedé vacía del todo y descubrí la presión que se siente en el pecho entre espirar y tomar aire, entendí entonces los dardos y el deseo de ser hecha de nuevo.
Volví a ver nuestras sombras por las mañanas cuando el sol tocaba los lugares donde la noche nos pilló por sorpresa y la risa de esos momentos resonó en mi cabeza haciendo eco por el vacio de mi pecho. Lloví esos días haciendo el ruido dulce del agua contra la ventana de madrugada y mi piel fue el cristal por el que resbalan las gotas.
Aprendí sin embargo como era el roce de mi propia piel, que había casi olvidado por querer sentir la tuya, me bañé en el pozo que había llenado al pensarte y allí empecé a conocerme de nuevo.
Sentí la tierra bajo las plantas de mis pies y cómo se encendía de nuevo una luz en lo más profundo de mi, que por estar yo vacía, iluminaba todo a su paso y reconfortaba mi cuerpo.
Esto fue volver a nacer y por eso te doy gracias por matarme primero, que ahora me descubro cuando camino lento y dejo que el sol me bese los rasguños y caliente el negro de mi pelo.
Me veo en cada esquina de la ciudad en la que camine a tu lado o al lado de algún otro y sonrío por ver a mis yos anteriores con los ojos brillantes y la respiración agitada. Las miro desde lejos con una extraña mezcla de orgullo y una pequeña pizca del dolor dulce que traen de la mano los recuerdos, dándome cuenta de que soy todas y cada una de ellas en todos y cada uno de aquellos momentos.
Pero también el camino de una a otra, soy la yo de ahora y el camino que tomé hacia ella. Soy la yo que se encuentra y abre su alma nueva al mundo para que la pinte con lo bueno y lo malo de todo y luego envolver mi cuerpo en ella como si fuera una capa. Soy la que hunde las manos en la tierra, la que va por el aire como brizna de hierba, la que agradece a su asesino el vacío por la oportunidad de volver a tomar aire y dar el siguiente paso por el camino hacia las yos que vengan, la que te da las gracias por hacer que me encuentre en tan solo mi molde para llenarlo de azucenas

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