Fantasmas

Me han invadido la casa convirtiendo los rincones en sus dominios, la ducha y tú tacto, el ruido que el agua hace cuando se choca con mi pelo, la luz que entra en el estudio por las mañanas y su respiración. Me visitan en mis horas más críticas y me veo, te veo, les veo, nos veo. También os apoderasteis de cada esquina de este agujero de ciudad y cada vez que paso por ellas se activa el primer engranaje y con el el siguiente y el siguiente, repaso la lista, los momentos y todos y cada uno de los errores que podrían haber hecho el mecanismo funcionar.
 Iros por favor, no quiero pensar en esto ahora, de verdad que no, cada momento que se proyecta me hace un pequeño corte y me escuecen las llagas. ¿No os vais a callar nunca? Dejad de rondarme dejadme dormir, dejadme salir de aquí, dejadme.
 Quizás irse es la solución, pero me da miedo pensar que aunque huya me vais a perseguir, no ver vuestras esquinas no hace que se me olviden. ¿Merece la pena arriesgarse? Salir de esta casa, salir de esta ciudad, salir de estas calles. No lo sé, sospecho que no aprendo y aunque deje estos fantasmas atrás llenaré los nuevos rincones con nuevas imágenes, con nuevas heridas. Correrán detrás de mí a medida que recorra el mapa y tengo miedo de ello, porque cada vez que me alcanzan me apago. De receta desaparición, con un precio terriblemente caro y un desgaste extremo, tres días inmóvil pero con la mente girando, los siguientes activa pero con la mente inmóvil. Sigo sin saber por qué me hago esto si siempre salgo perdiendo y empiezo a estar cansada ahora que ya hace bastante que soy consciente del juego, pero me gusta demasiado jugar aunque sepa que pierdo y me puede la sensación de esperanzas de ganar por primera vez. Ojalá ser lo suficientemente estúpida como para no darme cuenta de lo estúpida que soy.



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