PECES NEGROS: un sueño al descubierto
Algunos ahora tienen el tamaño suficiente para rodear esta casa, otros viven en la parte de atrás de mi cabeza y a veces parecen dormidos. Hoy la corriente ha despertado a ambos con la esperanza de que les dé un trozo de mi, como ocurre cada vez que me reclaman. Desde arriba miro sus escamas con la mezcla perfecta de admiración y miedo, no puedo odiarlos, son mis peces, pero me asustan porque de mi se alimentan.
Hay una cascada en las escaleras y desde la ventana veo las ondulaciones que crean mis peces obsidiana cuando intentan subirla. En ellos veo el reflejo falso de un atardecer que se que está más allá de este río, pero me contento con esta vista porque se me ha olvidado como se pasaban las aguas.
A veces cuando tengo frío me acurruco entre las aletas de mis peces en busca de algún tipo de calor, para luego darme cuenta de que por muy cerca que estén cambian el frío que les doy por otro distinto, aunque igual de frío, que colocan en las puntas de mis dedos para que se extienda hasta mi sangre.
Hoy es uno de esos días en los que mis peces me rodean haciendo que me sienta segura de forma pasajera, me cambian está seudoprotección por mi inmovilidad y yo les dejo porque ahora que todo me falla, me quedan mis peces, que me piden cualquier precio como alimento y yo se lo doy hasta a ciegas porque no se si aqui hay algo más que peces y estos por lo menos son los míos.
Hay una cascada en las escaleras y desde la ventana veo las ondulaciones que crean mis peces obsidiana cuando intentan subirla. En ellos veo el reflejo falso de un atardecer que se que está más allá de este río, pero me contento con esta vista porque se me ha olvidado como se pasaban las aguas.
A veces cuando tengo frío me acurruco entre las aletas de mis peces en busca de algún tipo de calor, para luego darme cuenta de que por muy cerca que estén cambian el frío que les doy por otro distinto, aunque igual de frío, que colocan en las puntas de mis dedos para que se extienda hasta mi sangre.
Hoy es uno de esos días en los que mis peces me rodean haciendo que me sienta segura de forma pasajera, me cambian está seudoprotección por mi inmovilidad y yo les dejo porque ahora que todo me falla, me quedan mis peces, que me piden cualquier precio como alimento y yo se lo doy hasta a ciegas porque no se si aqui hay algo más que peces y estos por lo menos son los míos.
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